En nuestras compras, ¿es mejor calidad o cantidad?

Nivel de conocimiento: básico

Cuando pensamos en gastar nuestro dinero, es muy fácil encontrarse con que hay muchas opciones. ¿Pero cómo saber qué nos conviene más?

Una de las disyuntivas que frecuentemente se nos presentan, es el optar por comprar algo más barato y/o abundante, o algo que es más caro pero de mejor calidad.  

El primer reto, es evaluar si realmente la opción cara tiene una calidad superior. En algunas ocasiones es relativamente sencillo verlo, pero muchas veces la diferencia es muy difícil de notar o no tenemos los conocimientos necesarios para evaluarlo. O incluso a veces son cosas subjetivas que dependen de tu propia percepción, como cuando compras algo por que te gusta o te identificas con una marca.  No siempre es mejor la calidad, pero si te da más satisfacción hay veces que se puede justificar el gastar más. 

El punto clave aquí, es que le dediques tiempo a analizarlo y sepas por qué estás pagando lo que estás pagando. Que pienses si ese gasto o compra realmente está aprovechando al máximo tu dinero y que evites el tener remordimientos a futuro. 

Muchas veces comprar cosas de mayor calidad aunque sean más caras puede justificarse porque te van a durar más y las podrás aprovechar por más tiempo. Pero si lo que estás comprando es algo que de todas maneras no crees que vas a usar mucho o por mucho tiempo, puede ser que te convenga optar por una opción más barata. 

También es importante considerar que las cosas caras a veces el mantenimiento y/o cuidados que necesitan también son más caros, por lo que también tienes que tomar eso en cuenta.  

Hace tiempo, leí una historia que me gustó porque creo que ayuda muy bien a explicar esto, era algo más o menos así:

Juan, quería comprarse unas botas. Las de buena calidad costaban $3,000 y le durarían unos 10 años, en cambio las baratas que le durarían una o dos temporadas costaban $1,500. Así que esta es la opción que compró y las usaba hasta que se le rompían y luego compró otro par.  Al pasar 4 años ya el gasto en botas de Juan superaba lo que le habría costado la opción cara desde el principio. 

Podría decirse que esta historia demuestra que “lo barato sale caro”. Sin embargo no siempre podemos pagar lo caro. O hay veces en que lo caro no nos conviene. Regresando al ejemplo, si Juan después de haberse acabado sus botas la primera ocasión hubiera decidido que ya no usaría más botas en su vida, la opción barata hubiera sido la correcta.  O incluso peor, si después de usar botas unos días, hubiera visto que no le acomodaba o no le gustaba como se le ven las botas, el caso hubiera sido todavía más claro. Así que, incluso en un ejemplo tan simplista, podemos ver que la cosa no es tan evidente. 

Así que, dejando a un lado a Juan y a sus botas, creo que lo que podemos aprender es que hay que analizar los pros y contras de las opciones.  Me encantaría decirte que hay una formula mágica para siempre tomar la decisión correcta, pero la realidad es que no. Tu eres la única persona que puede evaluar tus circunstancias y saber qué tanto valoras una cosa u otra. Lo que sí no te recomiendo es que seas impulsivo y compres o gastes sin pensar.  Optar por la cantidad o por la calidad, es algo que vale la pena que te acostumbres a analizar, con el tiempo, verás que se vuelve más fácil. 

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